Puertas de encuentro


Huele a otoño, y a deberes recién hechos.

Este año ha sido un parón veraniego distinto. Tras varios años dedicando las vacaciones a pegarme enormes palizas en las laderas y alturas de alguna remota montaña este año el guión ha experimentado ciertos cambios. Necesitaba descansar.

Los últimos 4 años no he ido a otro sitio que no fueran los Alpes, los Andes o el Himalaya. Quizá las lesiones del otoño pasado me hayan mermado un poco la moral de seguir "subiendo". Lo cierto es que este verano tenía otros planes.

Hace unos meses escribí un artículo sobre otras de mis pasiones deportivas: el kite surf. Disciplina deportiva pintona como pocas es mi complemento perfecto para descansar de la alta montaña. Tiene su propia miga. Comparte la paciencia y la tenacidad con la escalada en hielo y en altitud como palancas más determinantes, pero cuenta con las suyas propias.

Cada año subo un poco el nivel, a mí manera. Es mi propia auto-terapia deportiva. Estados de fluidez, batalla con miedos personales, naturaleza pura, curvas de aprendizaje en looping,,, son muchas las cosas que me atraen de este bello deporte. Te pone fuerte de cuerpo y alma. Pocas cosas me empoderan más que verme volar a voluntad asumiendo las posibles consecuencias a conciencia (las caídas se cuentan por decenas cada temporada, al final te acostumbras). Cuando no estoy en la montaña es mi otro patio de recreo y aprendizaje personal. Diversión y pedagogía a partes iguales.

Este año además he sazonado mis tardes de ola y viento con el mountain bike. Otra de mis grandes preferidas cada vez le dedico menos tiempo. Las agendas se cargan y el exceso de pasiones no cabe en cualquier sitio ni vida.

Para reconciliarme con la bici monté juntos a 2 amigos (a los que se añadiría un último y fantástico elemento) una buena ruta BTT que nos pusiera de nuevo en la linea de salida: Camí de Cavalls 360º.

Para los que no estéis muy familiarizados con el BTT se trata de una ruta perimetral de 185km que rodea a toda la isla de Menorca. Un GR muy técnico en muchos tramos que te permite ver la isla de una manera diferente al turismo de aglomeraciones. Recorrer ese trazado soponía ponerse las pilas de verdad unos meses antes. Esta vez no era tanto un cuestión de entrenar el aeróbico si no más bien la técnica de descenso técnico y el rodar por casi todo tipo de terreno imaginable (arena de playa, cantos rotos, raíces empedradas,,, tanto en bajada como en subida. Había que hacer algo de deberes así que toco entrenar en los meses de junio y julio. Al final nos llevó 4 días completar los casi 200km.

Lo variado de su trazado y perfil nos hacía vivir un constante tiovivo de sensaciones, a veces de una magia extrema y otras tantas de sufrimiento pegajoso. En un mismo día dabas varias vueltas a la ruleta de la emociones en casi toda su gama.

Como siempre, además de hacer el viaje de equipo "por fuera" yo hice el mío propio "por dentro". No se viajar de otra manera, me he ido acostumbrando con los años, sin darme cuenta. Me gusta.

Nada más arrancar a pedalear se notaba que llevábamos bagajes parecidos pero distintos: pintaba divertido.

Algo normal en este tipo de ruta es que no puedes ir esperándote todo el rato a tus compeñeros o que ellos hagan lo propio. A veces el diferente estado de cansancio hacía que se abrieran verdaderas brechas en la grupeta de 4 que éramos. Pero para eso estaban las más de 100 puertas que tuvimos que atravesar y que hacían de dique de contención de fuerzas.

Es curioso como funciona la energía de la motivación en grupo: va y viene sin que siempre siga el mismo patrón. Me encanta leerla y seguirla, pero la pierdo con mucha facilidad. Con relativa frecuencia pasabas de estar atascado en tu propio ritmo sin poder seguir a los compañeros a verte tan fuerte como para liderar el ritmo. Casi sin hablarnos, aprendimos a irnos relevando para mantener un tren de avance bastante rápido para el terreno que era. Una sola persona, tiene que ser muy muy pro-btt para mejorar las medias de velocidad que sacábamos a diario: 13-14km/h, baja desde luego, pero en ese terreno roto donde la bici iba al hombro en ciertos tramos era arriesgado apretar más.

Aún así dimos rienda suelta a la velocidad en muchos tramos, con picos de 60km/h. Pero siempre estaban las puertas.

Cami de Cavalls es un trazado de uso público pero que pasa por propiedades privadas. Muchas de las tierras y calas que cruzas tienen ganado cerca, por lo que han puesto vallas y puertas a las fincas para evitar que se escape los animales. A cambio de esto tienes que abrir y cerrar no menos de 100 puertas de madera que acaban por quitar la paciencia al santo Job.

No fue hasta el final que me di cuenta de que estas puertas nos obligaban a reagruparnos y reorganizar el orden de la grupeta. Era un momento de silencio y ciertos "bufffss". Eran verdaderas puertas de encuentro.

Lo que esta bella y desafiante ruta me ha dejado de poso es que la vida es un poco como Camí de Cavalls:

  1. Es circular: Empiezas y acabas en el mismo sitio. ¿no has tenido a veces la sensación de que se repiten ciertos patrones en tu vida?. Quizá no sea cuestión de "solucionar" ciertos momentos, si no más bien de esperar a que lleguen los siguientes y prepararse para cuando vuelvan los momentos menos buenos (siempre lo hacen). La vida no es lineal.

  2. Cada uno tiene que recorrerla a su propio ritmo. Este es algo subjetivo, por supuesto. Mi ritmo era el que era, pero nunca dejaba que se distanciara demasiado del de los demás para evitar perder su referencia visual (a veces imposible de evitar por lo accidentado del terreno con constantes subidas y bajadas). Por eso uno ha de saber elegir a buenos compañeros, que sepan jugar esta regla: es muy fácil acabar yendo a la tuya con tal de acabar con cierto tramo o el agotamiento. Ritmo propio pero alineado con el de los demás: todo un arte difícil de mantener (no tanto de conseguir).

  3. Hay terrenos para todos el mundo. Otra de las particularidades de la ruta que me llamó la atención es que cada uno de los 4 tenía un terreno en el que dominaba: algunos los compartíamos, otros eran exclusivos. Jamás creo que pueda compartir el disfrute por subir un rampa empinada que atasca a cualquiera, por un terreno roto roto, con sol de justicia de medio día y una humedad del 50%. Un matapersonas. Aun así dos de mis camaradas compartían este terreno como área de goce y disfrute. En esos momentos JJ desaparecía de escena. Yo aparecía en otros terrenos, más hacia abajo y donde hacían falta dosis de destreza en el manillar para no caerte. Ahí cargaba pilas y recuperaba gasolina. Qué disfrute!. Pero para disfrutar había que sufrir primero.

  4. Tu decides cuánto tardas. Nadie nos obligaba a ir más deprisa ni más despacio. La única referencia eran las fechas de vuelos. Los cogimos con holgura de dias. Al final nos llevó 4 días. Hay quien lo realiza en 3 días (toda una proeza y paliza) y quien se va a los 6 días. 4 era nuestra meta. Como primera rodada en equipo en este tipo de trazados fue la medida exacta. La idea de hacerla en 3 (lo mínimo si paras a dormir) se posó en la mesa varias veces, pero la paliza extra que suponía era evidente (más peso en la mochila, menos horas de descanso..) y nuestro objetivo no era ser mejor que nadie, era probarnos en un término medio: nos salió genial. Nos ha dejado ganas de subir de nivel en la próxima aventura.

  5. Es cuestión de cuerpo y mente. Ni por ser más fuerte lo disfrutas más ni por no ser el mejor dejas de disfrutarlo. La exigente ruta diaria (40-60km diarios) no se medía por la distancia si no por lo enrevesado de muchos tramos: pasar de caminos forestales planos a pedregales rotos en mitad de una curva cerrada te obligaba a cambiar el chip con mucha frecuencia. No puedes pedalear igual ni puedes enfocar tu atención de la misma forma. Cada tramo tenía su particular forma de afrontarlo, el coco y como te lo montas encima de la bici es una cuestión puramente personal. Ninguno lo hacíamos igual. Fuerza y autocontrol a partes iguales de nuevo, según personalidades.

Ha sido sin duda un periodo estival bien completo, diferente pero completo. Me encuentro en una excelente forma física después del gozo y el palizón. Creo que este invierno en la montaña voy a volver con las ganas renovadas.

Salud!

#energíapersonal

© 2015 José Juan Agudo Pereira